martes 23 de febrero de 2010

Barrotes a la imaginación

Cuando llegaron encontraron la celda vacía, las puertas cerradas, los grilletes en el suelo, la sábana puesta en la cama, ni rastro de fuga, ni un agujero. David Coperfield había escapado de Alcatraz a la vista de millones de espectadores. Era el piloto del helicóptero, ¿recuerdan? Mientras, en una prisión no distante, el afamado terrorista se levantaba de la sala de televisión y pedía en la biblioteca un libro sobre Houdini. –No leas eso, tronco –le aconsejó su compañero de celda- al Trayas, que tenía la perpetua como tú, le dejó zumbado.

El afamado terrorista empezó el libro por el final, como hacía con todas las cosas. Allí alguien había escrito: Ya sé cómo hacerlo; me voy de aquí para siempre.