
-Al principio pensé que sólo era un cúmulo de casualidades. Fui de viaje al campo, ya sabe doctora; heno, amapolas, tábanos, vacas, ovejas, asnos… A veces una simpática señora ofreciendo huevos, leche recién ordeñada, lechugas… Arroyos de agua clara, hombres montados en burros, recolecta, siembra, siega, tala, cultivo del agro... Nada raro. Íbamos a la viña y lo veía entre las vides cargado con uvas moscateles y otra vez, de vuelta, cuando bajábamos a bañarnos al río. Lo vi una vez en el mercado comiéndose un hato de acelgas del puesto de la verdulera que chillaba como lo que era, menudo revuelo y, una vez más, en la feria, entre el resto del ganado. En el campo, como le digo, no me pareció tan raro.
Pero volví a la ciudad y empezaron las pesadillas...
[Fragmento de mi relato publicado en el número 20 de la revista literaria La Luna de Mérida, editada por de la luna libros.]



1 comentarios:
Nada mejor que salir de la metrópolis para pensar que el mundo no es tan malo como pensamos. Lástima que haya que volver, ¿verdad? Uno de mis libros faovritos. Pocos la hacen as´ñi qeu gracias por rescatarlo.
Me quedo por aquí, si no te importa!
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